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En esta ocasión hablaremos del dolor.
Sentir dolor y pesar son formas muy humanas de expresar nuestra también muy humana vulnerabilidad. Sin embargo, y a pesar de ser parte de la naturaleza humana, se nos ha enseñado a enmascararlas con actitudes defensivas.
Suena paradójico que cuánto más dolor hay dentro de nosotros más agresivos podemos ser y más dolor podemos inflingir en los que nos rodean.
Suena paradójico que aún sintiendo un pesar profundo mostremos una máscara de alegría al mundo.
Afrontar y expresar lo que sentimos sin hacer daño al otro, es entonces, una parte esencial para sanar. Podemos decir algo como: "Cuando dijiste esto, me sentí así". De esta manera nos responsabilizamos de lo que sentimos y estamos en pleno poder de cambiar.
Una expresión como "Tú me hiciste sentir así, no te importa lo que siento" provoca actitudes defensivas y de agresión que son justamente lo que estamos tratando de evitar inconcientemente.
Arriesgarnos a exponer nuestros sentimientos definitivamente puede ser atemorizante, pero nos pone en una situación humana que crea apertura y confianza, de intimidad y de posibilidad de lograr lo que necesitamos a través de pedirlo abiertamente.